Robarte el silencio más absurdo, será el intento de no ser aquel. Si yo ya no quiero estos dedos de luz, ni que
las sogas en mis hombros sigan cortando mi piel.
Ya llore todas las lloviznas, y pude beber la melodía de la gota de agua. Así morí de sed.
Ya llore todas las lloviznas, y pude beber la melodía de la gota de agua. Así morí de sed.
A lo lejos, el cantautor hace un ademán, y el letargo del
espacio no impide que le sonría. Por qué él nunca me hablo.

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