Viejos colores volverán, siempre vida, siempre mañana.
Tocas mi piel en el segundo antes de la consumición final.
Y ya, siendo diáfano las gotas de barro se vuelven alma.
Carrusel, que de paseo descubre distancias en cada mirada.
Camina junto a mis pies, péndulos del viento, días de mañana
El rocío del mandarín, transpiración de bailarina
solitaria, no cambia su querer.
Los sabios murieron, y lo eterno camina por los últimos
pinceles, por las últimas cuerdas musicales.
En el párrafo, pétalo de cerezo, el magma de cada ser se
vuelve único.
No dejo de mirarte nunca, por tu fe, por que te creo.
