Un color sepia tornaba “tango” esa calle.
A si me abordaba la soledad esa mañana fría y nublada. No
era la soledad melancólica, ni la del desamparo. Era la soledad de estar con uno
mismo, la caricia que nos damos a veces. Ese instante donde nos detenemos a oír
esa música…
Cerca de mi se detuvo un caminante, dejo caer una flor roja,
se quito el sombrero, y me pregunto si escuchaba la canción. No me dio tiempo a
contestar, miro al cielo como si escuchara la música, contemplo allá, a donde
vamos cuando oímos ciertas melodías. Suspiro luego de pasados unos minutos… y
me dijo. “Sin duda es lo mas bello que jamás se le haya escrito a una mujer”.