martes, 26 de junio de 2012

Que me quieras...


Un color sepia tornaba “tango” esa calle.
A si me abordaba la soledad esa mañana fría y nublada. No era la soledad melancólica, ni la del desamparo. Era la soledad de estar con uno mismo, la caricia que nos damos a veces. Ese instante donde nos detenemos a oír esa música…   
Cerca de mi se detuvo un caminante, dejo caer una flor roja, se quito el sombrero, y me pregunto si escuchaba la canción. No me dio tiempo a contestar, miro al cielo como si escuchara la música, contemplo allá, a donde vamos cuando oímos ciertas melodías. Suspiro luego de pasados unos minutos… y me dijo. “Sin duda es lo mas bello que jamás se le haya escrito a una mujer”.  

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