
¿Como imaginaran la felicidad en su cabeza? Yo mientras, descubro que no hay verdad en estas manos. En ninguna en verdad, eso es lo incuestionable.
Ahora ya no estoy seguro de nada, este cristal cambia pero no como quisiera, y no se cambiarlo manualmente. Pero me gusta que el viento golpee mi rostro solitario en medio de esta isla. Mi naturaleza es esa… Para bien o para mal.
Siempre intento comprender las ideas ajenas. Desarticular la esencia que los lleva tener ese color en su lente.
Mientras, la arena (mi experiencia) no me deja ver su sombra. Tal vez la alucine gigante, y crea que las siluetas son el simulacro. Por que ya se que no son la verdad, descarte eso cuando descarte mi “por que”.
Me voy a dar el gusto y decir que obran igual para con migo. Son puros… en el fondo son puros. Las articulaciones, la ropa, y los gestos, solamente están amaestrados. Es el boleto que creen que les servirá de entrada a mi esencia. A la esencia universal, donde al final serán aceptados y conectados.
Me manejo en una certidumbre que se, es aleatoria, insegura e irreal. Es lo que puse delante de mí. Mi “hábitat” que quizás coincida con el ajeno. O lo que es aún más seguro, no hay tal coincidencia. Nos gusta sentirnos juntos, iguales, seguros…
Si dudamos de lo que pusimos, ¿sabemos a acaso que somos? ¿Qué queremos? ¿En verdad somos? ¿0?
La propia realidad es, que ese escenario, que sabemos es falso, lo aceptamos y lo tomamos como real, único, dogmático.
Esa descompensación, entre lo que sabemos, lo que creemos y lo que queremos saber, da por resultado irónico pero cierto, un equilibrio.
Hay quien por su afán de encontrar la verdad, busca desbalancear ese equilibrio. “Quitar la venda de los ojos” diríamos. Y quien defiende hasta las últimas consecuencias esa realidad que tomo como verdad, como su verdad, ósea, como “la verdad”, “la totalidad”
Por que como dice la canción, “los gatos cazan, los ratones corren”, esa es su naturaleza. Y así como ellos, nosotros tenemos la nuestra… Esa es la verdad.
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